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Mi experiencia como mamá de un niño con alta inteligencia

Tener a Samuel es mi más grande tesoro. No me imagino la vida sin él, y todos los días doy gracias al universo, al cielo, a mis ganas de tenerlo, o sea, a Dios, por premiarme con su vida.
Pero yéndome a lo práctico, quiero hablar de cómo ha sido todo este proceso con sus altas capacidades, y lo hago porque estoy segura de que muchas mamás que viven lo mismo que yo, se sienten solas, incomprendidas y muy seguramente, juzgadas y ¡hasta locas!

Los chiquitos no pueden hacer absolutamente nada distinto a obedecer. ¿Es así como estamos criados, verdad? A obedecer. Y la frase que no puede faltar: “respetar a los adultos”. En ese orden de ideas, nosotros los padres (los adultos), somos totalmente responsables de ellos y de lo que hagamos con su infancia y desarrollo.

Ser mamá de un niño con alta inteligencia es difícil y hermoso, porque yo en mi interior y en mi consciencia, tenía claro que necesitaba encontrar la manera de ayudarlo, de proporcionarle las mejores herramientas para su desarrollo intelectual y social, pero la desinformación es tanta, que hacía que todo se viera mucho más complicado de lo que yo creía que era.

Ser altamente inteligente tiene una infinidad de escenarios por atender, no es solamente un número (como me lo dijeron muchos), no es tan fácil como lanzar un juicio: “¿No lo estarás sobreestimulando?”, no es una paranoia ni un parecer, es una realidad que hay que aprender a llevar. De cualquier manera es difícil “sobreestimular” a un niño, aunque sí podríamos decir que le estamos dando a demanda lo que pide, que créanme, puede llegar a ser abrumador, porque no tenemos todas las respuestas ni las ideas ni los estímulos que él mismo pide. Por más que sepamos de algo, nunca tenemos el nivel que él está pidiendo, eso sí, hacemos el intento y si no, ¡gracias a Dios existe Google!  

Su sensibilidad es extrema. Siente, ve, oye, huele, mucho más que el promedio, por eso cualquier estímulo que reciba, por ejemplo mientras está concentrado en algo, lo puede desesperar al borde del grito y del llanto inconsolables. Sabe percibir muy bien a los demás, lo que lo hace muy empático con las buenas vibraciones y muy frío con las que no lo son.
De la mano de esta condición vienen la ansiedad y las obsesiones compulsivas, porque necesita crear situaciones de control para sentirse seguro, como escoger cierto tipo de comida, usar solamente manga larga o morderse el labio constantemente hasta casi arrancárselo. No es un “caprichoso”, no lo estamos “malcriando”, lo que le hace falta no es “una buena nalgada”, lo que necesita es comprensión, paciencia, mucho amor y algo que necesitamos todos: ACEPTACIÓN, porque créanme que por el camino se van a encontrar con personas que no lo aceptan y te sacan de su círculo, creen que tu niño es un "pesado", creen que está "compitiendo" con el suyo, y no es así, pero de todo se aprende y no los juzgo, repito que el desconocimiento en este tema es tanto, que no es para menos.

Del sueño, ¡ni hablar! Para él, desconectarse para descansar es, prácticamente, un insulto. No hay explicación o motivo que valga, y la sabida rutina que incluye: baño relajante con lavanda, masaje con crema de lavanda y manzanilla, difusor con aceite de lavanda, pijama limpia, luz tenue, leche tibia, cuento corto y música ambiental (con la que se duerme uno en los consultorios médicos), es lo más parecido a una tortura china (para él y para uno), porque todo, absolutamente todo lo estimula. Así que uno empieza a eliminar el cuento, después la música, el olor a lavanda y cualquier cosa que pueda ponerlo a funcionar, el problema es que sigue funcionando solo. 

Hace unos meses, cuando llegó el momento de escoger la escuela, me encontré con una pared inmensa!!!... fue lo peor de lo peor, ¡muy estresante!, me sentí perdida y sin apoyo de ningún tipo. Samuel tenía 4 años recién cumplidos, pero los cupos en los colegios empiezan a buscarse desde un año antes, y el programa de las escuelas que es para niños con alta inteligencia es a partir de los 6 años o primer grado de primaria, es decir, que Samuel tendría que esperar 2 años y medio más para ser evaluado. Y yo no paraba de preguntarme, ¿cómo hacen las mamás que, como yo, se pillan la cosa desde bebés? ¿Qué hace uno con este niño dos años más, si no tuviera las ganas, el tiempo y el método de enseñarle en casa? ¿Será mejor hacer homeschool?... Y ahí volvía la opinadera de los demás: “tiene que ir a la escuela porque ¿cómo no va a ir?”... mmm... ok. “Tiene que ir a la escuela porque tiene que aprender”... claro, como no sabía nada, seguramente si no iba a la escuela se iba a quedar igual. “Tiene que ir a la escuela porque tiene que socializar”. ¿Socializar? Habría que empezar por saber y entender qué es socializar. No señores, no basta con sentarlo en un salón con 20 niños más para que se vuelva “sociable”. Hay que empezar por entender que no todo el mundo es igual. Las personas tímidas e introvertidas también son sociables, aunque no sean una cajita de música.
Por la seguridad con la que me hablaban, al parecer todo el mundo tenía la respuesta y sabía lo que tenía que hacer, menos yo, pero claro, es entendible, porque todo el mundo opina desde el no saber y la poca empatía, o sea, la falta de capacidad para ponerse en los zapatos del otro. 

Yo estaba llena de dudas y muy frustrada de ver la poca ayuda e información que hay sobre esto, entonces decidimos hacerle los estudios necesarios para saber exactamente cuáles eran sus condiciones y así poder saber, porque la única manera de poder ayudarlo era entendiéndolo. 
Muchos de sus síntomas coincidían con síndromes como el Asperguer y hasta que no se le hicieran esas pruebas adecuadas, no íbamos a saberlo. Negarnos a conocer la verdad lo único que hacía era empeorar todo.

Las pruebas tardan entre 7 y 8 horas divididas en tres días donde analizan su coeficiente intelectual, pero también su memoria, su creatividad, su procesamiento de información, su capacidad verbal y conceptual, en fin. Tres semanas después (tres largas semanas después), nos dieron los resultados, un informe detallado de cada uno de estos puntos con los que se mide a la población mundial. Eso se mide en números, donde el promedio de la población está alrededor de 100. En algunos países los que dan 120 ya están en un rango alto, en otros es 130. Samuel dio 150, es decir, que hace parte del 1%. De esta manera comprobamos y entendimos que si el niño está 4 o 5 años por encima de su edad biológica, su parte emocional no, y eso genera una DISCRONÍA, y como quiera que sea es un extremo y los extremos suelen ser peligrosos si no se equilibran.
Si todas las personas que intervienen en la formación de su hijo, pediatra, profesores, terapeutas, incluso su red familiar, no entienden estos conceptos, todo se hace más difícil. ¡Ni qué decir del sistema escolar!, ¿quién le queda entonces al niño, sino unos padres conscientes?

Y es que hay días duros e intensos. La interrupción cuando está armando una torre que se sostiene de una sola ficha, el color de un zapato, un grito, pueden alterar sus sentidos de forma inexplicable para muchos, pero no solo los ruidos, un olor en un restaurante, una respuesta escueta a una pregunta compleja, la textura de una fruta, interrumpirlo cuando está concentrado, entre otras cosas, puede volverse un dilema, porque las emociones se desbordan con mucha frecuencia y en muy alta frecuencia, las necesidades son muy exigentes y si no estás claro en cómo es tu hijo, terminas agotada... pero agotada también de los comentarios imprudentes e innecesarios, “ese niño lo que necesita es límites”, “es que lo tienes muy consentido”, “llora por todo”, y yo, que me la paso tratando de entender, aprender y ser consciente, he entendido, aprendido y me he concientizado de que mi hijo lo que necesita es comprensión y firmeza, acuerdos, conexión, aprender a lidiar con sus emociones y no me canso de repetirlo: ACEPTARLO COMO ES, NO TRATAR DE CAMBIARLO COMO A MÍ ME GUSTARÍA QUE FUERA, porque lo que tengo para aprenderle es tanto, que sería muy tonto de mi parte querer algo así.

Recuerda que si tienes un niño con alta inteligencia, no estás sola. Puedes escribirme y ponernos en contacto para compartir ideas y experiencias. Estoy convencida que identificarnos con otros que están pasando por lo mismo es de gran ayuda, para nosotros y para el niño.

Y sí, este es un reto difícil y hermoso, pero sobretodo ¡HERMOSO!

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