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Ejercicio sobre la lluvia de críticas

Siempre que hablo con mis amigas que son mamás, inevitablemente terminamos hablando de esto: 
El agotamiento que producen las críticas.
Estamos convencidas de que ser mamá es una de las cosas más hermosas del mundo, y en eso coinciden los libros de maternidad, los artículos de las revistas, los comentarios de los demás (antes de que nazca el bebé) y la publicidad, pero nadie nos dice que vamos a enfrentarnos a todos los miedos, a retos extraordinarios, a descubrir valores que ni siquiera sabíamos que teníamos, a un mar constante de preguntas a la almohada sobre qué hacer y a una avalancha de juicios y críticas nunca antes vista.
Hasta ahora todos los juicios eran acerca de tu trabajo y algunas veces, sobre tu manera de actuar frente a ciertas situaciones de la vida, y de repente te cae esta lluvia imparable en el momento más vulnerable de tu vida. 

El principio es lo más duro, porque no duermes nada, no tienes tiempo de comer, tienes los químicos del cerebro desequilibrados y las hormonas de fiesta. Ya con el tiempo, vamos creando una especie de traje súperpoderoso que incluye unos tapones súperpoderosos que nos ayudan a sobrevivir, no porque nos volvamos más tolerantes, sino porque aprendemos a filtrar y a decidir a quien le recibimos consejos y a quien no (sobretodo si no los hemos pedido).

Le pedí a 21 mujeres que me contaran cómo ha sido su experiencia respecto a las críticas, quién las hace con más frecuencia y cómo las asumen. Todas de distintas nacionalidades. 20 de ellas entre los 30 y 45 años, con hijos entre los 3 meses y los 12 años, y una abuela con dos nietas (aprovechándome de su sabiduría), para saber exactamente qué le molesta cuando critican a sus hijas en el rol de madres.

Resultó ser un ejercicio muy lindo. Me reí como loca, porque sentí que todas entramos en una especie de catarsis, pero también fue muy duro. Todas (sin excepción), se han sentido en algún momento de su maternidad, invadidas y cuestionadas en su labor como madres, principalmente por otras mujeres. A mi modo de ver, es lamentable que no podamos ser solidarias, más aún si ya hemos pasado por eso. 


¿Quién critica?

1. El lugar número uno se lo lleva la familia, en el siguiente orden: 
Mamá, abuelas, hermanas, tías, esposas de los tíos, esposas de los primos, papá, hermanos.

2. Suegras, cuñadas, tías del esposo, primas del esposo.

3. Mujeres X (la viejita del supermercado, la que también está esperando el turno en el pediatra, la que le toca a uno en el ascensor, la de la fila del banco que le dice al niño que le dé un besito sin haberla visto nunca jamás en la vida, mejor dicho, la que se ganó en el día).

4. Mujeres sin hijos.

5. Compañeras de trabajo.

6. Amigas.

7. Esposo.


¿Qué critican?

Todoooo... 17 de las 21 me dijeron que la lista podría llegar a ser interminable y varía de acuerdo a la edad del niño, pero enunciaré entre comillas las 20 cosas en las que más coincidieron, seguidas de un paréntesis con lo que pienso al respecto.  


1. “¿Le das solamente pecho?, ¡qué pereza un niñito a toda hora pegado de la teta! Deberías írsela quitando desde ya”. 
(¿Desde ya? El niño acaba de cumplir tres meses).

2. “¿Le das fórmula? “¡No va a tener defensas! La leche materna es todo para un bebé. Debe ser que no te estás estimulando lo suficiente la producción de leche y por eso no te baja, no seas floja”.

3. “¿Duerme con ustedes? Prepárate, no lo vas a poder sacar de tu cama nunca más. Los niños saben mucho y te va a manipular con eso. Déjalo que llore hasta que el llanto lo canse, es la única manera de que aprenda, yo hice así con el mío y mira, no se murió por eso”.

4. “¿Y para cuando el segundo? Así sales de eso de una vez, además pobrecito, ¿lo vas a dejar solito?”. 
(Tu bebé acaba de nacer, todavía no recuperas tu peso, no duermes hace muchas noches, estás agotada y la aventura apenas comienza, porque se pone mejor (espérate a que le estén saliendo los dientes), y la que te dijo eso cree que estás yendo al supermercado a comprar la leche y que deberías comprar el pan para salir del desayuno de una vez).

5. “¿Se duerme tarde? No va a crecer. Los niños de esa edad necesitan descansar”. 
(¿Los niños? ¿Y yo? No tanto el niño, como yo, señora!!!).

6.“¿Le haces rutina para dormirlo? Para qué te complicas. El mío no y mira, vamos a las fiestas, lo ponemos al lado del bafle con la música a todo volumen, en la casa hablamos duro, ponemos el televisor, prendemos la luz, todo para que se acostumbre, y míralo como aguanta!!!”. 
(¡Pobre niño!... Tortura china). 

7. “No lo cargues tanto, lo vas a malcriar”. 
(?????????????).

8. “¿Ya va a cumplir 3 años y no ha dejado el pañal?”. 
(El fin del mundo).

9. ¿Le das la comida con 3 años? 
(Si me ves dándole la comida a los 10, por favor avísame, quien necesitará un sicólogo seré yo).

10. “¿Qué come?... solo mango, pollo, carne, pan, leche, huevo, queso, jugo de naranja, arroz y papa? ¡No come nada! Se va a desnutrir. En cambio el mío come de todo desde los tres meses. Todos los vegetales, las sopas, las carnes, los mariscos, todos los granos, frijoles, garbanzos y lentejas, y ni hablar de las frutas, le gustan todas, incluyendo las exóticas del Amazonas”. 
(Sí, sí, está bien, como no).

11. “¿Lo cuidas en casa y hace pataletas?... Eso es exceso de mamá”

12. “¿Lo tienes en daycare y hace pataletas?... Eso es que le falta mamá” 
(Como diría una de mis entrevistadas: y uno ahí como un bobo se come el cuento de ser la peor mamá del mundo).

13. “Tiene el pelo muy largo. Deberías hacérselo cortar”

14. “Tiene el pelo muy corto? Deberías dejárselo crecer”

15. “¿Ve televisión y juega en la tablet?” 
(Como diría una de mis entrevistadas: con esa si se desbarata la gente, COLAPSAN!!!)

16. “Está así de malcriado porque está en la casa todo el tiempo contigo, deberías llevarlo al daycare. Mira el mío, ¡es una fiera! Se sabe defender, sabe compartir, come solo, duerme en cualquier parte y a cualquier hora, se cae y se para solito, y hace pipí solo, se demoró un poquito más que los demás, pero la profesora lo obligó hasta que lo logró.”
(Comprendo. Con seguridad si yo hubiera estado en un daycare desde los 3 meses, también hubiera desarrollado esos métodos de supervivencia por necesidad obligada).

17. “Si vieras el sobrino de la prima del esposo de mi tía, ese niño es increible!!!... Está tan bien educado, es tan juicioso y ¡como obedece! Se queda ahí quietico en una silla, no toca nada, no salta, no interrumpe, deja que la mamá coma, en fin, una maravilla!!!”
(¿No estará hablando de un extraterrestre?)

18. “¿Estornudó? Tiene gripa. - ¿Camina en puntas? Tiene un problema ortopédico. - ¿No para un segundo? Es hiperactivo. - ¿Se le agita el corazón cuando corre? Le puede dar un infarto. ¿Se come la fruta en trozos? Se puede ahogar. - ¿Se rasca la oreja? Tiene una infección en el oído. ¿Se despierta en las noches? Tiene lombrices en la barriga.”
(Estamos rodeados de un sinnúmero de doctores con conocimientos en todas las áreas de la salud. Los pobres pediatras están en decadencia).

19. “¿Por qué tiene que ser tan caprichosa? Estamos jugando a pintar dos muñecas y quiere que le pinte a la mía la cara verde, como si las muñecas tuvieran la cara verde. ¿Qué tal? Solo por llevarse el punto la niñita ésta”.
(¿En serio? Creo que la que quiere llevarse el punto, es otra).

20. “¡Está muy indisciplinado! ¿Tú si lo corriges? En mi época nos daban unas cuantas nalgadas y no nos traumatizamos por eso”.
(Claro, los hechos lo comprueban. El mundo armonioso en el que vivimos actualmente, es una clara muestra de ello).


En conclusión, al parecer hay dos tipos de personas. Un grupo muy pequeño de gente que piensa algo y se lo guarda o lo comparte con alguien más, respetando a esa mamá. 
Y una graaaaan cantidad de personas que piensan que tienen el derecho de meterse. 

Los consejos son muy valiosos cuando uno los pide, pero cuando no, incomodan enormemente, sobretodo porque la persona que te los da ni siquiera tiene la consideración de preguntarte cómo te sientes frente a esa situación, simplemente hace un juicio y lo lanza.
Una buena manera de ayudar es no opinar,  de esa manera no se invade la labor de esa mamá. 
La otra forma es concentrarse en lo positivo y dejárselo saber. 
Con seguridad siempre habrá un comentario amable por hacer, después de todo, nunca es tarde para ser chévere.



P.D: Muchas gracias a las maravillosas mamás que compartieron conmigo sus experiencias y me ayudaron a escribir este artículo. Espero que se hayan reído tanto como yo, jajaja. 

Y recuerden lo más importante, ¡no salir nunca jamás sin su traje y tapones súperpoderosos!

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