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Las Mujeres de mi Casa


Mis tías y yo

En cuatro años he perdido cuatro de mis amores más queridos, cuatro de las mujeres de mi casa: mi mamá, mi tía Gaby, mi abuela, y en estos días, mi tía Nana.
Mi tía Nana era la chiquita de la casa, una persona muy especial. Un ser único que vivía con las emociones desbordadas. Lo bueno, le parecía espectacular, y lo triste, le parecía una tragedia. Extremadamente sensible. Dulce, amorosa, consentidora, divertida (nos hicimos varias veces pipí de la risa, literalmente).  Cómplice, servicial, siempre estaba dispuesta a ayudar. Para el trabajo era todo terreno. Excelente como mamá, como esposa, como hija, como hermana, como tía. Amaba muchísimo a su familia. Honesta, proactiva... ¿Que si tenía defectos? Claro, como todos los tenemos, pero estaba llena de sueños y de ganas... en fin, no termina uno de entender porqué se nos fue tan rápido, pudiéndose ir otros a los que la vida les pasa por encima, que están pidiendo pista hace rato por malas personas, por no valorar sus vidas, por hacer daño, por tantas cosas horribles.
Estoy descorazonada, las lágrimas se me han ido acabando y sí, estoy hasta descreída, pero como están tan frescas las tristezas causadas por las otras muertes, sé que todos estos sentimientos son transitorios y que gracias a Dios (ahí me doy cuenta que lo de descreída es temporal), el tiempo todo lo cura. Ninguna noche es eterna, ninguna tormenta es infinita, tampoco ninguna tristeza, ni siquiera la que nos causa la muerte.
Cuando alguien que amamos se muere, sentimos que el mundo se cae, que los huesos se quiebran y que no vamos a poder seguir sin ver a esa persona, sin hablar con ella, sin hacer los planes que teníamos juntos, sin oír su voz y su risa, pero sí, gracias a ese sol que todos llevamos dentro, cuando decidimos aprovecharlo, los duelos se viven y se superan, aunque esa persona jamás se olvida ni se reemplaza. 

Como buena paisa, la familia de mis abuelos maternos fue muy numerosa, tuvieron doce hijos, de los cuales dos murieron siendo bebés. Quedaron cuatro hombres y seis mujeres (incluyendo mi mamá). Los hombres de esta familia, y a lo mejor es algo que viene de otras vidas, si es que existen otras vidas, han sido más bien despreocupados de sus mujeres, siendo buenas personas, no han sido protectores ni querendones de sus mujeres en cualquiera de los grados de parentesco, ya sea como hijos, como hermanos, como tíos, empezando con mi abuelo como papá, aunque los nietos lo agarramos más blandito y los años terminaron endulzándolo. Y digo que probablemente sea una deuda de otras vidas buscándole una justificación, porque conozco familias donde las mujeres son consentidas y cuidadas por sus hombres y priman las demostraciones de afecto por ellas.
En este caso fue al revés. Me consta que las mujeres de mi casa han sido una fuente desbordada de amor y generosidad por ellos y por todos los que hacemos parte de la familia. Sacrificaron sus juventudes dejando de un lado sus propios sueños para que ellos pudieran crecer profesionalmente y volar. Aprendieron a cabalidad, no solo las labores obligadas de la casa (cocinar, planchar, limpiar, coser, lavar), sino también aprendieron a ser excelentes trabajadoras (las más grandes sin estudio, apenas un curso de mecanografía), pero con la responsabilidad y la entrega de cualquier profesional con título. Por supuesto que todo eso tiene que ver con la manera como se hacían las cosas en esa época, donde el machismo era el plato principal, pero ese es otro tema. Enfoquémonos en lo positivo.
Claramente el manantial de amor que he recibido en mi vida familiar ha venido de ese gran linaje femenino. Además de mi mamá, las cinco tías y mi abuela, han sido regalos del cielo (volvió la descreída a tambalear), y he tenido la fortuna de sentirlas como otras mamás, todas muy distintas, con personalidades completamente diferentes, pero he sabido recibir lo mejor de cada una y no cambiaría ni una gota de lo vivido con ellas. Solo tengo agradecimiento en mi corazón por todo lo que les he aprendido. 
Gracias a ellas creo totalmente en el poder femenino, no como feminista, porque no creo que uno tenga que buscar un movimiento ideológico para que se le reconozcan derechos y obviedades, eso sería como darle la razón a todos los que nos consideran menos capaces y merecedoras de, valga la redundancia, lo obvio, sino  desde el punto de vista de la confianza que da la certeza de que somos capaces de cualquier cosa que nos propongamos.

Hasta hoy no tengo una respuesta real de porqué se han ido cuatro en tan poco tiempo y espero poder entenderlo algún día cuando las vuelva a ver. Me da tranquilidad pensar que hay almas que tienen que estar juntas, que no soportan vivir sin esa otra parte suya y que por eso se han ido tan cerca la una de la otra. Por ahora, mientras sigo en este plano terrenal, "Las Mujeres de mi Casa" es un proyecto, un libro que espero poder terminar algún día como homenaje a ellas y a todas esas mujeres poderosas que dan hasta lo que no tienen por los demás, que se dividen en mil pedazos para hacer y estar en todos los frentes posibles, muchas veces sin reconocimiento alguno... ¡por mis mujeres, por tus mujeres y las del mundo! 


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